Llanes, la villa turística asturiana

Cuando llega el verano, hay ciertos sitios a los que la luz del sol parece insuflarles vida. Si es algo que se puede aplicar a casi todas partes, salvo quizá a las grandes capitales, capaces de mantener el tono todo el año, con más razón a las pequeñas localidades que se llenan de turistas con la temporada estival. Si además están en la cornisa cantábrica el cambio resulta aún más evidente, como ocurre, por ejemplo, con la villa asturiana de Llanes.

Llanes es una pequeña villa marinera de catorce mil habitantes, capital del concejo homónimo y situada prácticamente en el extremo oriental del Principado. Es una zona de rico patrimonio artístico, como prueba la conservación de su muralla medieval, construida por Alfonso IX en el año 1206 para protegerla justo tras su fundación mediante un fuero. De esa época es también un característico torreón, de forma cilíndrica y almenado.

En realidad todo el casco histórico es un conjunto monumental en el que se suceden edificios notables, caso del barroco Palacio del Conde de la Vega del Sella, la Casa de Rivero o el Palacio de El Cercado. Fuera del recinto amurallado seguirás encontrando cosas de interés, como el Casino, el Convento de la Encarnación o la arquitectura modernista de varias casas, a menudo fruto del regreso de los indianos.

Mención especial para la Basílica de Santa María, que por fuera es románica pero de fecha tardía, por lo que no sorprende que su interior presente ya un estilo gótico, pues se inauguró en 1480. Para completar ese eclecticismo, el retablo mayor incorpora elementos platerescos.

No todos los atractivos artísticos de Llanes se remontan a otros tiempos y, de hecho, su elemento iconográfico más distinguible hoy en día es una obra contemporánea. Se trata de los Cubos de la Memoria, creación del maestro vasco Agustín Ibarrola: una serie de cubos de hormigón pintados de vivos colores que se reparten al aire libre por la escollera del puerto, dándole un toque pop.

Y es que el puerto es un rincón especial por varios motivos. El primero, saber que fue una de las bases balleneras asturianas cuando esa industria aún se practicaba en la región. El segundo, recordado en una placa, haber sido punto de embarque para docenas de marineros que se incorporaban a la Armada Invencible en 1588. Los aficionados a la pesca también tienen sus obvias razones.

Luego están las playas. La villa tiene tres, que se abarrotan con el calor estival, aunque sin llegar a los extremos mediterráneos. Pero en el concejo hay unas cuantas más, con las características típicas de esta parte de la costa norteña: de arena intensamente dorada, salvajes, bellísimas, abrigadas por acantilados o penetrando en ellos como mini fiordos, batidas por aguas bravas…

Apunta nombres como Torimbia, San Antolín, La Canal, Barro, Borizu, El Sablón, Toró, Andrín, Ballota y muchos más, entre ellos Gulpiyuri, la famosa playa interior originada por la erosión del terreno calizo. La misma que ha dado lugar a los extraños bufones, agujeros a través de los que bufa el mar.

Llanes eclosiona en fiestas durante el verano, como indican las enhiestas hogueras, que no son fuegos sino larguísimos troncos de eucalipto que hacen las veces de bandera o tótem durante los eventos. Eventos en los que te espera, a buen seguro, una experiencia gastronómica intensa e inolvidable, acorde a la exquisita tradición culinaria de Asturias.

Un último consejo si decides pasar tus vacaciones por esos lares. Escápate del hotel (o de los cámpings, que abundan y tienen gran demanda) y emplea alguna tarde en subir hasta la recoleta ermita de La Guía, encaramada en lo alto de un monte sobre el mar, y contempla desde allí el crepúsculo. Si el tiempo acompaña, no lo olvidarás nunca.