Claves para elegir destino de luna de miel

De todo lo que te espera para el período inmediatamente posterior a la oficialización de tu matrimonio, dejando aparte el banquete que, al fin y al cabo es el mismo día, probablemente uno de los momentos más emocionantes de la nueva etapa con tu pareja sea empezar la luna de miel. Por eso conviene que leas estas claves para elegir destino, no sea que luego te lleves un chasco.

Presupuesto

Empezamos por lo difícil. No vamos a ser hipócritas y decir que esto carece de importancia. Sencillamente hay sitios que no son baratos, al menos si vas a encargar el viaje a una agencia y vivirlo con ciertas anchuras económicas. Ello no quiere decir que necesariamente haya que autolimitarse de forma exagerada si no sobra el dinero.

El caso es que puedes recurrir a opciones como buscar un país donde el coste de la vida sea escaso (lo que puede garantizar pocos gastos in situ y dedicar el sobrante a pagar pasajes y alojamiento), elegir un lugar no muy lejano que abarate el traslado o, si es el caso, retrasar la luna de miel (o adelantarla, según el caso) a un mes que caiga en temporada baja.

Gustos y preferencias

Soñar es gratis y, hoy en día, raro será que no encuentres alguna oferta a ese sitio que te ha puesto los dientes largos toda tu vida: el Caribe, Egipto, la India, la Polinesia… Todos los rincones del mundo están ya al alcance de la mano.

El único problema es el coste pero si tienes la suerte de que eso tampoco sea un obstáculo, quizá haya llegado el momento de hacer realidad el mundo onírico ¿Acaso habrá mejor ocasión? Eso sí, tendrás que ponerte de acuerdo con tu cónyuge para elegir; algo que, a veces, es lo más difícil si uno quiere playa y otro montaña, si uno busca relajarse y otro prefiere el turismo activo.

La solución a este posible problema es ceder ambos (buscar una tercera posibilidad) o buscar una que permita satisfacer a los dos combinando sus gustos con los tuyos. Actualmente es algo bastante común en casi todas partes.

Características del destino

Es importantísimo tener una idea, siquiera aproximada, de cómo es el destino escogido. Por ejemplo, no tiene sentido contratar un safari si no te gustan los animales, como tampoco visitar un lugar eminentemente cultural si lo que quieres de verdad es estar tumbado al sol sin hacer nada más que tomar mojitos y bañarte en el mar.

Asimismo, hay que tener en cuenta cómo es el clima local porque hacer un crucero por los fiordos en invierno es casi imposible, al igual que visitar Asia en cierta época supone exponerse a las lluvias torrenciales del monzón y hacerlo al Caribe desde finales de agosto equivale a que posiblemente te interrumpa tu estancia un huracán.

Asimismo, no te dejes sorprender por cuestiones prácticas como un tipo de enchufe para el que no llevas adaptador, asegúrate de que el agua es potable, infórmate sobre qué vacunas son necesarias, etc. Tienes un montón de información gratis y de fácil accesibilidad en Internet.

Tiempo de estancia

Evidentemente, esto no siempre depende de tí porque en tal caso seguro que pillarías un mes entero o más. Pero las obligaciones laborales suelen conceder un par de semanas, a lo sumo tres. Por tanto, piensa si el viaje que has pensado se adapta a ese tiempo o se va a quedar corto (en el caso de querer dar la vuelta al mundo, pongamos).

Claro que también puede resultar excesivo: veintidós días sin hacer nada más que bajar a la playa quizá terminen por aburrir. Sugerencia: combínalos con las múltiples actividades complementarias que habrá, tal como decíamos antes, o busca un viaje más adaptado a ese tiempo. Por cierto, también recomendamos dejar algún día para recuperarse de las vacaciones y no volver de golpe a la dura realidad.